Etiquetar a nuestros hijos, una mochila de por vida

No comments

Hace no mucho, alguien me comentaba en una sesión que estaba harta de regañar a su hijo por lo desordenado que era. Entonces le pedí que me describiera una de esas situaciones. Estaba relacionada con la recogida de sus juguetes antes de cenar. Como consecuencia de ello, le reprendía enfatizando el hecho de que “era un desordenado”. Y, según sus palabras, de un tiempo a esta parte, este comportamiento se repetía con demasiada asiduidad.

Entonces le pregunté si había ocasiones en las que el niño sí recogía sus juguetes, y si ella mostraba el mismo interés por ese comportamiento “de orden”, como lo hacía con el comportamiento “de desorden”. Se quedó pensativa y finalmente respondió que sí, aunque eran las menos.

Pero ese fue el momento de “click” como me gusta llamarlo.

La madre cayó en la cuenta de que estaba etiquetando a su hijo de una manera inamovible, por algo que ocurría en ocasiones, pero no siempre.

De alguna manera, cuando decimos a nuestros hijos “que son algo”, les estamos robando la oportunidad de ser también lo contrario. Con determinados comportamientos, estamos incluso dándoles permiso para ser “malos”, “torpes”, “rebeldes”…Y se convierten en “profecías auto cumplidas”.

Por eso es muy importante dejar de etiquetar al niño, y comenzar a etiquetar sus conductas. Cuando le decimos a nuestro hijo “eres un desordenado”, no le estamos dando oportunidad de ser ordenado. Lo hemos sentenciado. Sin embargo, si le decimos “el hecho de que no recojas tus juguetes es una conducta desordenada”, le abrimos la oportunidad de elegir ser ordenado también, puesto que la palabra “desorden” no le afecta a él en su totalidad, si no a un comportamiento que ha tenido, que puede repetirse o no, a su elección.

Si vamos un paso más allá, podemos recordarle algún otro momento en el que ocurrió justo lo contrario, para reforzar el comportamiento deseable, por ejemplo: “Dejar tirados tus juguetes es un comportamiento desordenado, pero cuando recoges tu ropa y zapatos y los colocas en su lugar, estás teniendo un comportamiento ordenado”.

La actitud y la emoción cambian totalmente. El hecho de hacer una cosa mal no te convierte en malo, y lo importante es que el auto-concepto del niño aumenta porque comienza a ser consciente de que él puede elegir ser lo que quiera en cada momento. Aunque pueda parecer simple, esta capacidad de elección es clave para desarrollar una sana autoestima, porque no estamos abocados a ser algo indefectiblemente. Podemos elegir, y podemos fomentar comportamientos que refuercen nuestro auto-concepto.

Las etiquetas que nos ponen en la infancia las arrastramos hasta la edad adulta en mucho casos. Cuántas veces he escuchado cosas como “siempre he sido muy torpe”, “yo era el tímido de mis hermanos”, “nunca he servido para tal o cual cosa”. Esas etiquetas infantiles acaban convirtiéndose en creencias limitantes en los adultos, que necesitan ayuda profesional para ser desmontadas, y que sabotean muchas veces el potencial de la persona.

Por eso, os invito a auto observar cómo nos comunicamos con los pequeños que nos rodean. Tratad siempre de enjuiciar sus comportamientos, nunca su persona. Y si les ponemos ejemplos de ocasiones en las que eligieron el comportamiento deseable, para potenciarlo, mejor que mejor. Tendremos niños con una mayor inteligencia emocional, una sana autoestima, y sobre todo con la idea de que dentro de ellos está el potencial para ser lo que quieran ser.

En Satnam contamos con asesoramiento especializado, si estás interesado pídenos información

Raquel Martín

Satnam

SatnamEtiquetar a nuestros hijos, una mochila de por vida

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *